La sobreprotección muchas veces nace del amor y del deseo de cuidar a los hijos. Sin embargo, cuando protegemos demasiado, podemos limitar oportunidades importantes para su desarrollo.
Los niños necesitan experimentar, equivocarse, resolver pequeños problemas y aprender de sus propias experiencias. Estas situaciones les ayudan a desarrollar confianza, autonomía y habilidades para enfrentar los desafíos de la vida.