Es programar, planificar y pensar en cada detalle antes de que empiece el día. Es escuchar un “miss, me pegó”, contener emociones y seguir enseñando. Es reunirse con padres, hacer informes, observar silencios y celebrar pequeños logros.
Ser maestro es paciencia, vocación y entrega constante. No solo se enseñan contenidos, se forman personas, se acompaña procesos y se deja huella en historias que recién empiezan.
Por eso, ser maestro no es solo una profesión.
Es un superpoder.