“Cuando usted me escucha, me siento importante”, dijo una alumna.
Una frase breve, pero profundamente reveladora del impacto que puede tener la escucha en la vida de un estudiante.
Muchos estudiantes llegan a clase cargados de preocupaciones, emociones o situaciones personales que no siempre saben cómo expresar. A menudo, estas cargas no se notan en las notas ni en el comportamiento, pero están presentes. En ese contexto, la escuela no es solo un espacio académico, sino también un lugar donde sentirse seguros, reconocidos y valorados.
Escuchar con atención, sin interrumpir ni juzgar, puede convertirse en un acto transformador. Una palabra amable, una mirada que valida o un momento de escucha genuina pueden marcar la diferencia en el día de un estudiante y fortalecer su confianza, su bienestar emocional y su vínculo con el aprendizaje.
No siempre se necesitan grandes acciones para generar impacto.
Escuchar, acompañar y mostrar interés real también educa.
Nunca subestimemos el poder de un pequeño gesto.
Para un estudiante, sentirse escuchado puede ser el primer paso para volver a creer en sí mismo.